OPINION: “Paren al mundo que me quiero bajar”, Mafalda

¿Qué le pasa al mundo? ¿En dónde y desde cuándo hemos equivocado eso de la convivencia, los valores y la tolerancia? ¿Por qué tantas personas andan por la vida agrediendo al prójimo y utilizando a Dios como pretexto?

Por Lucía Navarro

Son las 5:30 de la mañana en San José, Costa Rica. Despierto sin razón y hago lo que muchos de ustedes: agarro mi teléfono para ver las alertas de noticias. Me topo con la de otro incidente violento.

Otra vez le toca a Francia. Esta vez en la iglesia Saint-Etienne-du-Rouvray en el noroeste del país. El papa Francisco reaccionó al saber del hecho en el que murió degollado el sacerdote Jacques Hamel. Dos días consecutivos despierto con noticias sobre hechos brutales de violencia. Apenas el lunes un grupo de chicos que terminaba una fiesta fue baleado en Fort Myers, Florida.

¿Pues qué le pasa al mundo? Hay desórdenes por todos lados, guerras, tensión entre países, balaceras a plena calle, emboscadas a agentes de policía, ataques dentro de empresas, en fin. Pareciera que últimamente tenemos que estar hablando de lo mismo: violencia, violencia y más violencia.

A estas alturas no me atrevo a achacar la situación a una sola cosa. Porque veo que en términos generales, faltan valores, principios, regulaciones, leyes, castigos, rechazo social, coaliciones internacionales, líderes religiosos, maestros, padres, agentes de policía, jueces, en fin… Podría seguir con la lista porque en esta situación, “hay culpas para repartir”.

Hace pocas semanas nos estremecía la noticia del ataque en el club nocturno Pulse, en Orlando, Florida. Me horroricé al saber la saña contra el grupo que se encontraba en el lugar, solamente por el hecho de ser parte de la comunidad LGBT.

La Neta (la verdad)

¿Qué le pasa al mundo? ¿En dónde y desde cuándo hemos equivocado eso de la convivencia, los valores y la tolerancia? ¿Por qué tantas personas andan por la vida agrediendo al prójimo y utilizando a Dios como pretexto?

¡Somos tontos!, porque Dios -en ninguna religión-, aceptaría la carnicería que han causado algunos locos y/o extremistas, el fanatismo con el que ven sus enseñanzas y la arrogancia con la que intentan ser los justicieros del mundo. Han llegado a cometer actos abominables que Dios jamás aprobaría en su nombre.

Vivimos en un mundo en donde desde la escuela primaria, algunos chicos acosan al compañero por el simple hecho de tener actitudes femeninas o por tener alguna característica distinta a la mayoría. Algunos de los agredidos se han suicidado y en muchos casos los pequeños agresores han sido tan brutales que las víctimas han sido asesinadas.

¿Por qué algunas mujeres siguen permitiendo ser consideradas inferiores a los varones aceptando que las abusen física, mental o verbalmente? ¿Por qué algunos gobiernos han tenido tan poca visión y/o malicia entrenando a individuos que han terminado convertidos en dictadores, asesinos y líderes guerrilleros?

¿Por qué la formación religiosa desde la infancia no incluye la enseñanza a rechazar el extremismo religioso al no interpretar de manera adecuada el libro sagrado de cada religión? ¡Qué pena, caballero!

Yo me niego a quedarme con los brazos cruzados, viendo cómo la sociedad se autodestruye, cómo los niños crecen con la idea de que un chico podría entrar a su escuela con un arma y disparar sin son ni ton contra ellos, y donde los agentes de la policía tienen que cuidarse para poder cuidarnos.

Entiendo que no debemos permitir que el pánico nos paralice, pero me parece necesario detenernos y reflexionar sobre lo que evidentemente estamos haciendo mal. No hay consistencia entre nuestra palabra y nuestras acciones. No se puede hablar de amor cuando quizá en la casa de un vecino se fragua el próximo ataque contra inocentes.

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@LuciaCNavarro

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