[OPINION] Intolerancia y/o falta de atención

Sin afán de politizar el asunto, la seguridad nacional en Estados Unidos no es asunto que pueda esperar a que pasen las elecciones presidenciales. Es tema de YA!

Por Lucía Navarro

Un vez más, el extremismo islámico dio muestra del odio hacia la comunidad homosexual.

El autor de la masacre, Omar Saddiqui Mateen era estadounidense de padres afganos y en dos ocasiones fue objeto de investigaciones del FBI sobre su afiliación a grupos terroristas. Las autoridades estadounidenses no detectaron signos de que el joven tuviese relación con este tipo de grupos.

Esto evidencia por lo menos dos cosas: la capacidad que tuvo Omar Mateen para esconder sus tendencias radicales o una falla en el proceso seguido por la agencia federal. Me parece que la manifestación de la forma en la que un individuo ve la religión no me parece algo que se desarrolle de la noche a la mañana. Algo hubo que no se supo detectar a tiempo.

La masacre protagonizada por Mateen en el centro nocturno Pulse en Orlando, Florida, prueba que aún tenemos mucho que aprender de los grupos radicales y del como preparan a sus afiliados incluyendo la manera en la que logran esconderse dentro de nuestra sociedad.  Y si, frente a nuestra nariz

Aunque todavía no se determina como el detonador de la masacre, el padre del autor de la peor masacre registrada en Estados Unidos, aseguró a la cadena de noticias NBC, que su hijo de 29 años entro en cólera después de que, hace unos meses, vio a dos hombres besándose en la ciudad de Miami. Lo que sí se sabe es que por lo menos 49 personas murieron en el incidente y hay decenas de personas heridas.

Sin afán de politizar el asunto, la seguridad nacional en Estados Unidos no es asunto que pueda esperar a que pasen las elecciones presidenciales. Es tema de YA!, porque ninguno estamos exentos de ser víctimas de otra agresión por parte de extremistas Islámicos.

Sabemos que Omar Saddiqui Mateen, llamo a las autoridades anunciando la masacre en nombre de ISIS, grupo que ya reconocido la autoría de la masacre a través de uno de sus afiliados.

Sin ser presa del pánico, el tema me inquieta. Tal y como ocurrió el 11 de septiembre de 2001, Omar Mateem fue parte de la sociedad estadounidense, tuvo amigos, vecinos e incluso una esposa quien reconoció haber sido “rescatada por sus padres” debido a que era víctima de frecuentes golpizas. Me pregunto por qué no se vio a tiempo algún signo que indicase las características homofóbicas del  agresor, así como tampoco su pensamiento radical al estilo ISIS.

No importa el candidato que se convierta en el próximo presidente, el tema amerita especial e inmediata atención: por un lado vigilando más de cerca a aquellos a quienes se les ha comprobado -o que son sospechosos- de tener simpatías por grupos extremistas y, por otro, tener un conocimiento más claro sobre a quién se le permite entrar a Estados Unidos, sin importar su religión.

La masacre en el Pulse nos recuerda al fantasma del terrorismo. La presencia sin sentido de odio hacia un semejante que, si bien con una preferencia sexual hacia un individuo de su mismo sexo, no tiene menos valor para nuestra sociedad.

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